Yo pensaba que iba a ver a un viejo amigo tocando unos pocos temas con algún que otro compañero de batallas… y me encontré con un buen concierto semiacústico, con grandes músicos sobradamente conocidos, en un marco incomparable. Fue el pasado jueves 6 de agosto. Unos cuantos aficionados al blues rock de raíces americanas, y a la amistad de Emilio Álvarez (precisamente los que más o menos le hemos ido acompañando en su camino musical y/o personal, y a los que nos dedicó, con todo su agradecimiento, este evento) nos aliviamos del tremendo calor leonés en pleno casco antiguo, en el bello patio interior del Palacio Gaviria que acoge el interesante Museo Liceo Egipcio (sobra decir que la visita es más que recomendable). El evento se anunció bajo el título «Emilio Álvarez & Friends» dentro del ciclo de conciertos de verano llamado «Mariposas Nocturnas«. Comenzó con un breve pero divertido discurso de acogida por parte de Raúl López López, historiador, escritor, coleccionista, editor… y con buen gusto musical, sin duda. Nos presentó brevemente a Emilio, pero… ¿quién es Emilio? Los que ya le conocíamos, supimos más de él esta noche a través de lo que nos ofreció.
Comenzó el leonés saliendo solo a la palestra, precioso escenario a pie de suelo empedrado bajo las frondosas hojas de parra que nos servían de refrescante techo, agradeciendo al Museo Liceo Egipcio por esta oportunidad con la que él ni soñaba, y rindiendo homenaje al que sería uno de sus primeros ídolos de juventud, el gran BRUCE SPRINGSTEEN, cantando «Thunder Road» solo con su buena voz y su buena ejecución en la guitarra (pobre del que se metiera con el americano delante de nuestro amigo en aquella Facultad en la que nos conocimos). Adoptó un ritmo aún más americano con su versión de «Afterglow (Of Your Love)» de los SMALL FACES, mientras nos seguía contando detalles de quién es y por qué estaba allí esta noche.
Y es que Emilio Álvarez, para quien aún no lo sepa, es un gran músico leonés, que formó parte de la mencionada banda de rock sureño GUN HILL ROAD, allá por el año 2008, junto con el guitarrista Pablo del Blanco y el bajista Víctor Castro (ambos ya con experiencia musical a sus espaldas, pese a su juventud). Y casi recuperamos del todo a GHR esta noche, cuando Emilio hizo salir a sus queridos Pablo y Víctor. Faltaba el batería Raúl Redondo, al que sustituyó en esta ocasión Manu Muñiz (actual batería, junto con los ya mencionados, en la banda local NASHVILLE TRAIN), hoy funcionando a la perfección con solo una caja, sus escobillas y algún complemento más. Y faltaba también la cantante original Nadia Álvarez. Y quién mejor para compartir tareas vocales con Emilio que Merygin Tonic, compañera, esposa y buenísima cantante de dulce pero intensa voz (sobre todo en NASHVILLE TRAIN y en LA GIN FAMILY TONIC).

Así, teníamos en el escenario a dos bandas a la vez, las que nos han llevado a admirar a estos grandes profesionales, pero lógicamente el repaso comenzó con el disco homónimo que GUN HILL ROAD publicó en 2011. «Hanging On The Phone» sonaba muy americana, mientras que «No Importa«, más urbana, nos incitaba a corear el estribillo. Emilio nos presentó a alguien a quien ya conocemos y admiramos, el siempre elegante pianista John Bramley. El italiano afincado en León acompañó con su virtuosismo a los locales en la melódica «Waiting«, también de ese primer disco de GHR, tras lo cual Emilio nos confesó su gusto (compartido por la que escribe) por la serie de televisión americana «Hijos de la Anarquía» y sobre todo por una de las canciones que la acompañaban, el tema «The Lost Boy» de GREG HOLDEN, interpretada en esta ocasión en un tono más íntimo al principio, solo con dos guitarras, uniéndose el resto de la banda después, muy bonito.
Emilio cambió su guitarra y se sentó, y cuando pensamos que se iba a arrancar por bulerías, Mery nos deleitó con su versión de «You Got The Silver» de THE ROLLING STONES. Y de nuevo, cambiamos totalmente de ritmo y nos pusimos a bailar con el rock urbano de Carlos Balacera, al que Emilio presentó con mucho cariño. Y es que para quien no lo sepa aún, Emilio es también el guitarrista actual de la banda CARLOS BALACERA Y LOS CAÑONES RECORTADOS (y junto con el batería Manu Muñiz). Se hizo muy corta esta divertida actuación en la que no dudamos en aplaudir y corear, que dio paso, de nuevo, a algo totalmente diferente.
El ritmo volvió a cambiar drásticamente cuando Emilio se deshizo en halagos, más que justificados, para Myriam Gutiérrez y Aníbal Sánchez, el dúo leonés de folk rock THE BRIGHT, amigos y fans suyos desde los comienzos de GHR, y fue una delicia verla a ella entonar la voz principal en la que para Emilio es «la canción más bonita que he oído nunca», «Odd Towns«, lenta y cálida, y podemos estar muy de acuerdo en esa valoración.

Aún faltaba alguien muy importante esta noche. Como ya dije, Emilio, Víctor, Mery y Manu son NASHVILLE TRAIN… junto con Miguel Ángel Ontoria, que no dudó en salir a poner la nota más original de la noche. John Bramley, a quien además debemos agradecer que forme parte de la organización de estos preciosos conciertos, volvía a ocupar el banquillo frente al piano. Y Miguel nos sorprendía con el inconfundible sonido de su guitarra Lap Steele, para entendernos (los que no sabemos de esto): una original guitarra rectangular que se toca sentado, posándola en el regazo. No pudo elegir mejor sonido para ejecutar «Luz«, la tierna canción que Emilio dedica a su hija, en un precioso dúo con el sensible sonido del piano.
Aún con Bramley en las teclas, Miguel volvió a llamar nuestra atención con su otra guitarra, la de estilo Cigar Box, aunque esta ya se la hemos visto muchas más veces. Sonó «Tormenta«, de su primer disco, que confieso que es una de mis favoritas. Ya en la recta final, volvía a aparecer la Lap Steele en la emotiva versión de «Cristales«, de su LP Lluvia del Norte, con un magnífico dúo vocal de los dos cantantes y nuestros fervorosos coros, y con ese fabuloso solo de guitarra. Y finalizaron con «Esta Noche«, tema inédito que aún no han grabado y que esperamos que salga pronto en un nuevo LP, puestos a pedir…
No nos fuimos enseguida. Raúl López, antes de repartir algunos sorbitos de vino blanco a los asistentes, salía de nuevo al escenario, para emocionar a un ya emocionado Emilio, que durante todo el concierto había ofrecido su cálida y potente voz, y mucha calidad en sus cuerdas, y que hasta un momento antes no podía dejar de agradecer a todo el mundo por estar allí y por acompañarle en su noche mágica. Raúl distinguía entre gente con éxito y gente con prestigio, y felicitaba a Emilio porque la música le ha dado la oportunidad de vivir su vida, formar su familia y de hacer que nosotros acudiéramos esta noche a estar con él y escucharle, algo que pocos consiguen (por algo será). Para Emilio, el principal objetivo del evento era agradecer a quienes siempre han estado con él. Para nosotros fue la oportunidad de disfrutar de una hora y pico muy placentera, y de conocer un poco más al Emilio que ya conocíamos. De nuevo, poder estar allí, encontrar a buenos amigos, disfrutar un rato que se hizo muy corto y saludar después a todo el mundo, ¡un placer!
Muchas gracias, por tanto, al Museo Liceo Egipcio por dejarnos disfrutar de ese bello entorno donde la sensación de placidez nos hizo sentir que todo sonaba mejor. Gracias a todos los músicos presentes por su calidad y simpatía, y, sobre todo, gracias a nuestro Emilio Álvarez por todo. Os veremos de nuevo muy pronto, sin duda. Y si lee esto alguien que aún no sepa de qué estoy hablando, debería correr a escuchar y deleitarse. ¡Gracias, NASHVILLE TRAIN y compañía!
Texto y fotos: Mar Fuertes








































