¿Se puede hacer un concierto de Rock (en el estilo que sea) sin electricidad, y sin que sea un concierto acústico con músicos en taburetes y calma, mucha calma? O, dicho de otra manera, ¿un concierto sin electricidad puede ser rápido, enérgico, dinámico, fiestero y divertido? Si la electricidad la llevan dentro los intérpretes, puede pasar. O, dicho de otra manera, con MOONSHINE WAGON sí. Cuatro barbudos (tres de ellos vascuences tamaño XXL más un “heavy cordobés”), los cuatro nada tímidos, sobre todo a la hora de cantar a pleno pulmón (los micrófonos sí eran eléctricos, pero casi no les hacían falta) y a la hora de tocar sus instrumentos nada eléctricos: violín, guitarra, contrabajo, banjo, mandolina y hasta un bouzouki irlandés (la batería ni estaba ni la echamos de menos). Y, sin embargo, los que completamos todo el aforo del Pub Babylon en su primer concierto de “nuevo curso”, el pasado viernes 4 de septiembre, vibramos como si nos hubieran dado un tratamiento de electroshock.
Comenzaron con un estallido con «It’s So Slow», sin concesiones, enérgicos desde el primer minuto, y sin perder un ápice de esa energía hasta el final. Desde el comienzo nos pusieron a corear estribillos, sonando muy americanos, con el punto folk que le da el violín y el americano que da el banjo. Las voces roncas sonaron agradables en «First World Problems», con protagonismo del violín, que se lo cedió a la guitarra en «Ghost». Goiatz Dutto y Lander Lourido se repartían a partes más o menos iguales el rol de «voz principal», con potentes coros de Dagda Zoukröw, mientras Víctor Martín aporreaba las cuerdas de su enorme contrabajo. Además, Goiatz y Dagda se mostraban como auténticos virtuosos, intercambiando instrumentos muy a menudo. Y todo esto con constantes bromas, chistes y chascarrillos entre tema y tema.
Imposible no sacudir cuellos y algo más con temas tan enérgicos como «Slave Of Distraction» o «You, Yourself And You». MOONSHINE WAGON nos ofrecía extensos fragmentos puramente instrumentales, una de sus bazas más importantes, que nos transportaban a la América profunda de polvo, desierto, caravana y rancho. Tuvieron la cortesía de pedirnos permiso para pasar de la lengua yankee a su materna lengua vasca. ¡Claro que sí! Aunque no entendamos qué dicen, qué bien sonaron «Marinelaren Zai» (versión de una antigua balada escocesa titulada «Willy O’ Winsbury»), «Janari Azkarra» y «Txoria Txori». Nos hicieron viajar a su bella tierra vasca.
Entre bromas escatológicas, regionales y de otras índoles, y algunos repartos de cervezas y otros mejunjes, fueron cayendo «My Mind Is Mine»; «Gipsycho» con protagonismo inicial de ese contrabajo que bailaba casi más que los humanos, y eso que los cuatro artistas se movían por el escenario, gesticulaban e interactuaban de lo lindo; sonó intensa la bonita «Days Go By», y nos hicieron corear en «Everybody Lies». Siguieron las bromas para presentar «I Better Live Alone», y sobre todo cuando decidieron hacer algunas versiones. La de»Ace Of Spades» de MÖTÖRHEAD sonó más rural de lo que podríamos imaginar, muy divertida. La de «I Want It That Way» de TAKE THAT es pura parodia y así la recibimos, hilarante por no decir descoj… Bueno, eso.
Primer final de la noche, casi todos se fueron al camerino desde el que se escapaba cierto tufo de tabacazo ¿americano? Mientras tanto, Lander, ¿el sano del grupo? nos entretenía mostrando que no solo es un buen guitarrista y monologuista potencial, su ruda voz llenó el Babylon con sus versiones de «Hero» de NICKELBACK, la maravillosa «Tennessee Whiskey» de CHRIS STAPLETON, y «Jeremy» de PEARL JAM.
El final llegó con la inevitable, popular y divertida «My Liver Is Trying To Survive», que todos cantamos a gusto (y aquí sí que entendíamos lo que quiere decir), y el homenaje a «Paranoid» de BLACK SABBATH, en versión rápida y agreste a ritmo de mandolina, combinada con su propia canción «Empty Bottle». La botella de esta fiesta tan rítmica y divertida se vació en una hora y tres cuartos que se nos hicieron muy cortos. Se llevaron ovación, foto finish de recuerdo y unas cuantas visitas a su puesto de merchandising. Y, sobre todo, espero que se dieran cuenta de que se llevaron de nuevo nuestra admiración y agradecimiento, nuestro cariño recíproco, que son gente muy cercana y simpática, aparte de grandes músicos y compositores, y nos dejaron con el deseo de que vuelvan pronto otra vez.
Por todo eso, gracias a los chicarrones del norte, ya sea de origen o de adopción, por su entrega y empatía, y, como siempre, a nuestro Pub Babylon, donde siempre nos sentimos como en casa.





























