ATALAYA ROCK Festival: dos semanas después, merece la pena recordarlo, ¡buen trabajo, bien hecho!

Me lo estaba guardando para mi, pero hoy me parece que sí merece la pena publicar el recuerdo grato que aún queda del festival Atalaya Rock, aunque hayan pasado ya dos semanas desde ese 10 de octubre en que fui a mi primera edición de este evento del que todos me hablaban bien, en el pequeño pueblo de Pozal de Gallinas (Valladolid), que ese sábado se hizo grande por un día. Porque algo debieron hacer bien, hay muchas pruebas de ello.

Y no me refiero solo al cartel, que ya de por sí era lo suficientemente atractivo como para acudir en masa, con PARAÍSO TERRENAL, EXODIA, SU TA GAR, AXXIS y KILLUS. Una de las pruebas de que «algo están haciendo bien» que más me llamó la atención ya estando allí fue ver ya a mucha gente luciendo la camiseta oficial del festival, ya la de este mismo año, recién sacada del taller. Incluso unos cuantos músicos de los que actuaban sobre las tablas la lucían ya. Todos nos dimos bastante prisa en comprarla, teníamos muchas ganas. Algo había hecho bien la organización, en esta edición o en las anteriores.

Otro detalle que llamó mi atención fue ver que no ocurría lo mismo que en otros eventos parecidos, donde la banda que abre y la que cierra van predispuestas a tener un público escaso y, en algunos casos, incluso poco entregados, sea por guardar fuerzas para después, o sea por agotamiento tras una larga jornada. Aquí no, aquí PARAÍSO TERRENAL ya contó a primera hora con un numeroso y entregado público, en el que se distinguían también unas cuantas camisetas con su logo (había suficiente gente para repartir modelos de camisetas variadas). Y KILLUS cerraba a horas ya intempestivas, y aún así gozaba de un pabellón de deportes bastante lleno y aún con energías suficientes para no parar de aclamar, corear y ovacionar. Algo había hecho bien la organización eligiendo el cartel, y las bandas, las cinco, estaban haciendo muy bien lo que se esperaba de ellos.

Y es que las cinco bandas gozaron de ese calor y fervor multitudinario. No solo la banda foránea, los alemanes AXXIS, que se mostraron felices de haber venido desde tan lejos y mostraron una empatía y cercanía tremendas, y mucho sentido del humor y ganas de juerga, sobre todo en la figura de su líder, el cantante Bernhard Weiß, que no paró de hacer bromas, chistes, gestos a algunos fans concretos, y hasta leyó, en un castellano algo chapurreado, su agradecimiento personal. Además, las cuatro bandas «locales» se entregaron al completo y todo el mundo se lo agradeció. Me sigue sorprendiendo gratamente encontrar a todo un público dispuesto a corear los estribillos de un grupo como SU TA GAR, no importa que sea en una lengua tan bella pero tan complicada como el Euskera. Si EXODIA pide un pogo, se hace, y se hace bien, además. Y KILLUS se entregó con ganas a todo el mundo, incluso al chaval de 10 años que a las tres de la mañana seguía dándolo todo en primera fila, con su feliz padre a su lado. Algo hiceron bien las cinco bandas para llevarse cada una su gran ovación.

La organización, como esperaba, fue impecable. Desde el puesto de camisetas, los encargados de comidas y bebidas, los responsables de organizar las firmas de los cinco grupos a los agradecidos fans, por supuesto todos los encargados de hacer que los conciertos fueran perfectos tanto a nivel sonoro como visual, el impecable equipo de seguridad haciendo que todo estuviera bien y que todo el público se sintiera cómodo… Detalles tan originales como el estreno de una nueva estatua metálica con el logo del festival, a modo de improvisado (o no tanto) Photocall, y el magnífico trato ofrecido para quienes estábamos allí para hacer algo más que cantar, bailar y degustar. Todo lo hizo bien la organización.

Y todo ello con la inestimable colaboración y entrega no solo de las autoridades locales y numerosos patrocinadores, cuyos nombres aparecían cada poco rato en las pantallas del escenario (qué menos que agradecerles que estuviéramos todos allí disfrutando de tamaño evento sin pagar entrada), sino de numerosos vecinos y amigos que se prestaron sin dudarlo a pasar la jornada TRABAJANDO (en mayúsculas), en todas las tareas mencionadas antes. De nuevo, todo lo hicieron bien los vecinos y amigos de Pozal de Gallinas (me permito «robar» la foto a la organización, gracias por ella).

Y finalmente, cómo no, el público. Sin ellos el tremendo esfuerzo no sirve de nada. Y sirvió, ya lo creo que sirvió. Sentí no haber llegado antes, por la mañana, para ver el acto de conmemoración del XX aniversario del festival. Pero a primera hora de la tarde, los rockeros ya llenaban alguna calle disfrutando de los primeros encuentros y brindis en el bar local (tal y como se había pedido, nada de botellón, no se iba a eso). Como ya dije, las primeras notas del primer grupo ya gozaron de mucho público, igual que las últimas. Y en esas ocho horas, el ambiente fue festivo, alegre, divertido, animado y feliz de principio a fin (las numerosas fotos de las galerías en esta web lo demuestran), con manos en alto, cabeceos, pogos y walls of death respetuosos y cordiales (si alguien se caía, iban tres a ayudarlo), abrazos, y sobre todo risas y sonrisas, muchas, constantes, incluso en la gente que, por los motivos que fueran, optaban por disfrutar de todo ello desde las gradas. Otra vez, todo lo hicieron bien los asistentes al festival.

Me vienen a la cabeza imágenes que todos hemos visto de otro tipo de actitudes, ya sea de lugares llenos de porquería al acabar, o de actos de vandalismo e incluso de violencia física entre grupos de distinto pensamiento o condición. El público del Atalaya Rock Festival (como sucede en todos los festivales de Hard Rock y Heavy Metal) dio de nuevo una lección de respeto, camaradería, colaboración, saber estar, compañerismo, amabilidad… Me podría extender en elogios eternamente. Pero no, no me hace falta decir qué más cosas se hicieron bien. Seguro que me dejo en el fondo de la memoria muchos otros detalles, anécdotas e historias que merecía la pena contar. Pero, sin duda, se hizo todo muy bien cuando dos semanas después aún perduran estos recuerdos sin poder evitar sacar una sonrisa. Muchas gracias a todos, organizadores, autoridades locales, vecinos y amigos, bandas y público, por dejarme pasar otro sábado tan agradable. Nos vemos el año que viene. ¡Bien hecho!

Texto y casi todas las fotos: Mar Fuertes

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