El sábado pasado en Gijón ocurría lo mismo que el viernes pasado en Oviedo, muchos eventos culturales y musicales a la vez en tierras astures. Y, sin embargo, el concierto de DIAMOND DOGS en el Teatro Albéniz de Gijón, reconvertido en buena sala de conciertos con buen sonido y luces aceptables (con algo de exceso del temido color rojo de los fotógrafos), obtuvo una muy buena entrada para ver la potente y divertida descarga de los suecos en una de sus ciudades favoritas, según me cuentan.
Sin desmerecer a nadie, acerté eligiendo ver a los nórdicos. Venían promocionando su último disco, Similar Shakes Different Distortion. Era un concierto maduro para un público maduro que lo disfrutó como la primera vez que escuchó a los dos veteranos músicos que permanecen en la banda, hace ya más de tres décadas. Y, aunque el paso del tiempo no perdona, los veteranos Sören “Sulo” Karlsson en la voz principal y Henrik “The Duke of Honk” Widén muy bien acomodado en un butacón con su teclado sobre sus rodillas, dieron toda una lección maestra de Rock N’ Roll clásico, de Rhythm & Blues bailón, de Rock más propio de las tabernas británicas que de sus frías tierras norteñas.
Claro que para ello contaron con la virtuosa cooperación de unos «nuevos» músicos tremendamente talentosos, como quedó claro en esta magnífica noche asturiana. Torbjörn Fall en la guitarra solista, eficiente, expresivo y simpático con el público y con sus compañeros; Robert Damberg, dando su propia lección de todo: guitarra rítmica, mandolina, violín y hasta armónica; Leif Subdin, potente en el bajo y cantando alguna de las canciones; y Federico Da Costa, aporreando sin piedad su batería, llenaron el recinto de calor, vibración, mucho ritmo y altísima calidad musical. Y, además, seis músicos, seis micrófonos, todos ellos entonando los estribillos y coros, y animándonos a unirnos a ellos. Será por voces, caben todas.
El extenso setlist, que alargó la actuación hasta casi dos horas, fue variado y bien elegido. El violín solitario de Damberg nos introdujo en el primer tema de la noche, “The Golden Age of Rock and Roll”, pero su soledad duró poco, que enseguida empezó la descarga con fuerza y ganas. “Honked!” y “Stop Barking Up the Wrong Tree” nos pusieron enseguida a corear y bailotear. Y así sería el resto de la noche, «Sad To Say I’m Sorry» sonó todo lo contrario a triste, antes de que estallara el Rock N’ Roll salvaje de «Bound To Ravage«.
Apareció entonces el taburete alto en el que «Sulo» reposaría mientras tocaba su guitarra acústica en algunos temas, bien acompañado por el violín de Damberg en la novísima canción “My Heart Is a Cold Case”, de su último disco. Damberg no dudó en cambiar a la mandolina y armónica en «Whatever It Is Now» y a la guitarra en «Spare Me The Last Joke«, buen repaso todo ello, junto con «Anywhere Tonight«, de algunos temas destacados de hace ya algunas décadas. La voz de «Sulo«, que iba sonando áspera y bien conservada, necesitaba un descanso, así que se fue y el bajista Leif Subdin nos regaló una buena versión del «Jealous Guy» de JOHN LENNON.
Volvió «Sulo» a una sala pletóricamente caldeada y llegó el anunciado homenaje a LITTLE RICHARD, con “King of Rock and Roll”, “True Fine Mama”, “Hey, Hey, Hey, Hey” y “Send Me Some Lovin» casi sin pausa entre ellas. Siguieron con su repaso a temas propios de todas sus épocas, con “Valentina (Queen of Broken Hearts)”, con el teclado de Honk y la guitarra de Fall compitiendo amistosamente. “Every Little Crack” y “Raise A Holler” llenaron la sala de Rock N’ Roll rápido, antes de que “Rush For Comfort” y “When The Morning Comes To Get Me” nos enternecieran al ritmo de la guitarra acústica del excelente frontman “Sulo”, colaborando con las teclas pausadas en la primera y con el violín (sustituyendo al saxo) en la segunda. En medio de ellas se coló la frenética “Goodbye Miss Jill”, un supuesto fin de fiesta brutal.
Ya en los extensos bises, “Desperate Poetry” me recordaban a DOG’S D’AMOUR, y la también novísima “Stubborn Pony” se alternaba con un último guiño a LITTLE RICHARD, con “Bama Lama Loo”. El final definitivo llegaba con “Passing Through My Heart”, sonando algo “Stoniana”, y “Crooked Crutch”, más rockanrollera. Y cómo no, para acabar, otra más de su último disco, “Heartache On My Mind”, una buena despedida rítmica.
Fue una noche de Rock N’ Roll clásico y auténtico, sin florituras ni efectos especiales innecesarios, ambientando una gran fiesta en la que participamos todos. Da igual que lleven 30 años en esto (o los que lleven los músicos más jóvenes), el espíritu y las ganas se conservan perfectamente y hay DIAMOND DOGS para rato, de lo cual nos alegramos hasta el extremo. Volverán y volveremos a verles, sin duda. Gracias al personal del Teatro Albéniz por la cálida acogida, a la promotora Last Tour por todas las facilidades, y especialmente a DIAMOND DOGS por su gran entrega y simpatía.
Texto y fotos: Mar Fuertes.








